Historia militar del siglo XIX en el País Vasco

Biografías

BALDOMERO ESPARTERO. (1793-1879)≠grita=bae

Baldomero EsparteroHijo de una humilde familia de artesanos, nació en Granátula (Ciudad Real) en 1793. Al estallar la guerra de Independencia, se presentó como voluntario ingresando en el ejército en 1808. En 1810 entró en la Academia Militar de la Isla de León, alcanzado el grado de subteniente. En 1815, como teniente, embarcó en la expedición del general Morillo, dirigida a defender el dominio español en las colonias americanas. Por estas fechas comenzó su acercamiento a las ideas liberales, a la vez que sus acciones frente a los independentistas le supusieron el ascenso a brigadier. Tras la derrota de Ayacucho, que supuso el fin del dominio español en Sudamérica, regresó a España en 1825.

Batalla de LuchanaAl estallar la Primera Guerra Carlista, solicitó servir en las provincias del norte en las filas del ejército cristino. El 1 de mayo de 1834 fue nombrado comandante general de las provincias Vascongadas. En el verano de 1836 sustituyó al general Fernández de Córdoba como jefe del Ejército del Norte. Desde este cargo dirigió la decisiva batalla de Luchana, que obligó a los carlistas a levantar el sitio de Bilbao, la navidad de 1836. Esta acción le valió el título de conde de Luchana.

Entrada de Espartero en Bergara. (Detalle)A partir de ese momento, liberales moderados y progresistas se disputaron el convertirle en caudillo de sus respectivos partidos. En el verano de 1839, y como fruto de negociaciones con los sectores carlistas, que, dirigidos por el general Maroto, deseaban una transacción con los cristinos, logró suscribir con aquel el convenio de Bergara, que supuso la pacificación del Norte. Los carlistas catalanes no reconocieron el convenio y Espartero tras una expedición por el Maestrazgo obligó a Cabrera y su ejército a pasar primero a Cataluña y luego al exilio. Por ello recibió el título de duque de la Victoria.

A raíz de aquel momento, y en el campo de la política, Espartero puso su espada al servicio del progresismo. En 1840 se opuso a Ley de Ayuntamientos con lo que se enfrentó a la regente Maria Cristina. Este conflicto entre la Corona y Espartero alentó al movimiento juntista de signo progresista que estalló el 1 de septiembre de 1840. Maria Cristina renunció la Regencia, quedando instalado un ministerio-regencia, presidido por Espartero. En mayo de 1841, las Cortes nombraron regente al caudillo progresista. Su Regencia se extendió hasta 1843, y fue un período de neto signo político progresista. Potenció la liberalización de las tierras promoviendo la desamortización de los bienes del clero secular.

En octubre de 1841 tuvo lugar un el País Vasco un levantamiento moderado secundado por las diputaciones de Bizkaia y Gipuzkoa que él mismo se encargó de reprimir. A pesar de haber firmado el respeto a los Fueros en el Convenio de Bergara, como represalia ante este levantamiento, Espartero firmó el decreto abolitorio de los fueros del 29 de octubre de 1841 en el que nivela a Bizkaia, Gipuzkoa y Álava al resto de las provincias españolas. Tras ser derrocado Espartero en junio de 1843 se producirá por parte del gobierno moderado una reintegración parcial de los Fueros, pero no la reintegración plena de los mismos. El traslado de las aduanas del Ebro a los Pirineos fue una de las medidas que no tuvo vuelta atrás.

Espartero tuvo que exiliarse en Inglaterra tras su caída del poder y no volvió a la política española hasta 1854 en que fue nombrado Presidente del Consejo de Ministros dando paso al Bienio Progresista. Tras la vuelta de los moderados al poder en 1856, Espartero se retiró de la política instalándose en Logroño. Su último episodio político fue la oferta de la corona que le hizo Prim en 1870, pero no la aceptó. Murió en Logroño en 1879.

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